Segura se reencuentra con la música de Cámara de Schubert

Nos trasladamos a 1824, cuatro años previos a la muerte de Schubert. Por encargo de Ferdinand Troyer, clarinetista e intendente del archiduque Rodolfo de Austria, Schubert compone su Octeto en Fa mayor, Op. 166, D 803. Rodolfo de Austria fue alumno de Beethoven, lo que explica que el encargo contara con ciertos matices: debía ser una obra con el espíritu de su famoso Septimino Op. 20, favorito entre las familias vienesas. Schubert, en su admiración por este compositor, no dudó en aceptar el encargo y empezar a escribir algunas líneas en las que se aprecia la relación entre ambas obras. Pese a que decide escribir su octeto en Fa mayor, la secuencia tonal de las dos piezas es prácticamente idéntica al igual que la relación de los seis movimientos. Tanto el primero como el último comienzan con una introducción lenta; un adagio que nos recuerda a sus lieder y un andante que cuenta con siete variaciones, algo muy recurrente en este compositor (recordemos el Quinteto en la mayor, la Trucha, D 667); para finalizar, el scherzo y el minueto donde se muestran las primeras diferencias cambiándolos de orden. Otra de las particularidades la encontramos en la instrumentación, doblando el violín de forma que cuenta con tres instrumentos de viento (clarinete, fagot y trompa) y cinco de cuerda (dos violines, viola, violonchelo y contrabajo).

Sin duda se trata de un tributo a Beethoven y pese a que este octeto no consiguiese la misma popularidad que el Septimino, lo que está claro es que hoy disfrutaremos de una obra de un Schubert maduro en el que se aprecian la delicadeza propia de sus lieder que lo diferencian del resto y la capacidad de expresar sentimientos mediante la música.

Maria Forte Martínez

 28.05.2017

Dudok Kwartet, Segura Winds

Festival Música en Segura 


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